Populismo será el gran desafío para el próximo presidente de EE. UU.

El Tiempo-01Por Roger F. Noriega

8/11/2016

El próximo presidente de Estados Unidos confrontará significantes desafíos en América Latina. Esta región no es solo nuestro vecindario, sino que es un mercado natural de bienes y capital que son críticos para la prosperidad humana. Contamos con esos vecinos, con quienes compartimos fronteras terrestres y marítimas, como una primera línea de defensa en un mundo pos-11-S.

La primera responsabilidad del siguiente mandatario es restaurar la confianza en nuestras propias instituciones democráticas y energizar la economía. El estigma populista que ha desafiado al status quo en América Latina y el Caribe por un largo periodo del último siglo ha dominado el debate en las elecciones en EE. UU. Los ciudadanos de la clase media trabajadora se sienten inseguros de la economía global y desprotegidos por nuestros políticos nacionales. Porciones sustanciales de la población de nuestro país ya no cree más en los beneficios de un comercio global, mucho menos en el compromiso estadounidense con el mundo.

Restaurar el dinamismo económico y la productividad y reducir el papel del Gobierno en nuestras vidas hará que recorramos un largo camino en pro de recuperar el optimismo de los estadounidenses. También validará la importancia de las asociaciones internacionales para nuestra prosperidad y seguridad. Este último punto es evidente para los desafíos que enfrentamos en América Latina.

Nuestro país ha invertido 10.000 millones de dólares en Colombia, con el ánimo de apoyar los esfuerzos para aplicar el imperio de la ley sobre las organizaciones criminales. Apoyamos todo aquello que esté a favor de una paz estable y duradera. Mientras los políticos e instituciones colombianos buscan mejorar los términos del acuerdo de paz, Estados Unidos puede ayudar suministrando material crítico y apoyo político. A su vez, podemos usar las herramientas de fuerza legal para buscar y confiscar los miles de millones de dólares en activos que la guerrilla ha adquirido con el narcotráfico.

La sociedad y economía venezolanas están colapsando tras 18 años de malos manejos corruptos y gobiernos autocráticos. Estados Unidos debería animar a otros países latinoamericanos a liderar la organización de una defensa regional de la democracia y el imperio de la ley.

El liderazgo de la Organización de Estados Americanos (OEA) podría ser fundamental una vez los países clave se comprometan a defender la democracia y el marco legal. A los investigadores estadounidenses les debería ser permitido hacer acusaciones formales contra criminales que intenten bloquear una solución pacífica y electoral, haciendo uso del marco legal para darles espacio a una transición ordenada y a la recuperación económica.

En México, nuestro tercer más grande socio comercial, los legisladores están tratando de sentar las bases para una economía más diversa y competitiva. Debemos encontrar el camino para armonizar nuestras dos economías, de forma que podamos crecer juntos. Ningún país puede descuidar el esencial deber de proteger nuestra seguridad común y bienestar de criminales violentos que amenazan a las instituciones y al pueblo.

Según consta en recientes encuestas, una mayoría de los brasileños ha perdido la confianza en la democracia, en el despertar de una esparcida estela de corrupción que le costó la presidencia a Dilma Rousseff. Estados Unidos debe trabajar con otros en la región para promover reformas para el libre mercado, transparencia e instituciones democráticas fuertes. Por supuesto, esta visión no puede ser impuesta desde afuera, pero podemos desempeñar un papel en el impulso de la restauración en el marco de una agenda interamericana que fortalezca y comparta una libertad política y económica.

Las Américas (norte y sur) son ricas en recursos naturales e ingenio humano. Como siempre, el progreso ha sido obstaculizado por instituciones políticas disfuncionales y líderes defectuosos que se han preocupado por defender arraigados intereses económicos más que por promover el crecimiento y la multiplicación de oportunidades.

El populismo radical solo hará que estos problemas empeoren. Sin embargo, un liderazgo comprometido y confiable en cada uno de los países puede ayudarnos a adaptarnos a una economía global cambiante, enfrentando los retos del siglo XXI con la aplicación de la duradera fórmula de la libertad política y económica para empoderar a cada ciudadano.

La campaña estadounidense de este 2016 ha retenido como una esponja la misma clase de populismo que ha acosado a nuestros vecinos. Al enfrentar el problema común reforzando nuestros valores compartidos, el próximo presidente de Estados Unidos puede unir a las Américas como nunca antes.

ROGER NORIEGA*
Exdiplomático y analista

* El autor fue embajador de Estados Unidos ante la Organización de Estados Americanos y secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental del 2001 al 2005. Es un asociado visitante del American Enterprise Institute, y su firma, Visión Américas LLC, representa a clientes de Estados Unidos y el exterior.

ARTICULO ORIGINAL AQUI

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During the last several decades, the United States has invested billions of dollars in trying to help the governments of Latin America and the Caribbean deliver better lives for their citizens. This has meant helping them increase internal security by combating the illicit growing and trafficking in narcotics and the activities of terrorist groups, as well as helping them to shore up their democratic and free market institutions.

Unfortunately, in recent years, continued progress in these areas has been threatened, not least by the elections of radical populist governments in Venezuela, Bolivia, and Ecuador. These governments have instituted retrograde agendas that include the propagation of class warfare, state domination of the economy, assaults on private property, anti-Americanism, support for such international pariahs as Iran, and lackluster support for regional counter-terrorism and counter-narcotics initiatives.

We are a group of concerned policy experts that fear the results of these destructive agendas for individual freedom, prosperity, and the well-being of the peoples of the region. Our goal is to inform American policymakers and American and international public opinion of the dangers of these radical populist regimes to inter-American security.