Nicolás Maduro y el Delirio de Persecución

Felipe Trigos-01Las amenazas e incriminaciones de Nicolás Maduro sobre los múltiples “intentos” y “conspiraciones” de asesinato en su contra demuestran su desesperación por desviar la atención del pueblo, su incapacidad total para gobernar y posiblemente el miedo que tiene a que sus propios partidarios se cansen de su incompetencia y cometan un magnicidio.

Declaraciones del presidente ilegítimo de Venezuela que van desde lo absurdo hasta lo cómico, podrían tener un mensaje de fondo mucho más significativo sobre lo que pasa dentro del chavismo: Su miedo a morir es genuino pero la amenaza no viene de oposición ni de lo que él considera como la “derecha internacional”, sino de sus propios correligionarios.

Desde que Chávez lo eligió para gobernar el narco estado Venezolano la pugna interna por el poder ha sido evidente. La influencia de los narco generales, de criminales como Diosdado Cabello y hasta de sus padrinos políticos cubanos siempre representaron un problema para Maduro. Nadie confía en sus habilidades como líder y en su capacidad para mantener la continuidad de la corrupción chavista.

Recientemente, las acusaciones de Maduro aludieron al ex presidente hondureño Roberto Micheleti, al ex presidente colombiano Álvaro Uribe y al ex espía y terrorista Luis Posada Carriles. Acusaciones, que como de costumbre en Venezuela, serán olvidadas en una semana y volverán a usarse cuando Maduro sienta que pierde el control del poder.

Es importante recalcar que la amenaza interna es imperante para Maduro. La economía venezolana se encuentra al borde del colapso, la carencia de productos básicos ya ha generado un descontento generalizado hasta en los chavistas más recalcitrantes y la falta de ingresos petroleros disminuye significativamente día con día. Sin embargo, el problema de fondo es la incapacidad de Maduro para limitar la injerencia de países como Cuba, China y Rusia en asuntos internos que afectan a la cúpula y que amenazan con cambiar la balanza de poder dentro de los círculos criminales que controlan el poder en Venezuela.

Maduro se ha convertido en un peón cubano prescindible. Los hermanos Castro saben que en cualquier momento pueden substituir a Maduro y culpar a una debilitada oposición o a ex líderes democráticos de otros países para sacrificarlo.

Los cubanos ya hicieron lo mismo con Hugo Chávez cuando supieron que sus días estaban contados. La cúpula cubana nunca dudó en prolongar la vida de Chávez (arriesgando su salud) con tal de afianzar el poder y reorganizar sus cartas en Venezuela. Nicolás Maduro fue cómplice de este sacrificio y sabe muy bien que puede compartir el mismo destino cuando Cuba deje de verlo como alguien indispensable.

La situación en Venezuela es muy grave y Maduro probablemente reconoce la debilidad de su presidencia. Desgraciadamente, un movimiento de oposición inerte ha perdido gran parte de su capital político para aprovechar la división chavista y el descontento de la población para demandar el restablecimiento de un régimen democrático.

Esto ha facilitado que el régimen autoritario en Venezuela tenga la capacidad de cambiar líderes a su conveniencia y que peones como Maduro puedan ser sustituidos por medio de magnicidios, acusaciones de posesión de drogas, corrupción o de cualquier excusa que le sea más conveniente al régimen cubano.

Maduro podría optar por reducir el nivel de retórica radical que lo caracteriza y buscar soluciones para el pueblo y no para aquellos que mueven sus hilos.

Su incompetencia y falta de carácter seguramente darán lugar a su eventual reemplazo, a la posible perpetuidad de gobiernos autoritarios que recibirán ordenes de su puesto de mando en Cuba o al colapso total del régimen cubano chavista—situación que podría dar lugar a que un líder democrático tome el poder.

El llamado de Henrique Capriles para salir a las calles el Sábado podría ser la oportunidad para presionar al régimen y generar una mayor conciencia sobre lo que ocurre en Venezuela. Aunque la movilización se da muy tarde y con capital político perdido, aun podría generar la chispa que necesita la oposición para empezar el camino de reestructuración que tanto necesita su país. Si esto ocurriera, la comunidad internacional estaría obligada a apoyar a la democracia en Venezuela y de una vez por todas rechazar a un régimen que sistemáticamente se ha dedicado a propagar la criminalidad y la desestabilización política por toda la región.

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