México y Trump, una relación difícil pero no imposible

nacion-321Por Felipe Trigos

Para México, la victoria de Donald Trump cayó como un balde de agua fría. Pocos creyeron que la retórica aislacionista, xenófoba y nativista del candidato republicano pudiera generar suficientes adeptos para ganar la elección del 8 de noviembre. 

No obstante, México debe pasar de la incredulidad a la toma de decisiones que protejan los intereses del país y que busquen que la relación bilateral, una de las más importantes en el mundo, pueda seguir dándole réditos a ambos países. Esta tarea no será fácil —la relación nunca ha sido fácil— pero los intereses y beneficios para ambos países ameritan un esfuerzo que esté por arriba de la retórica y el antagonismo.

Es cierto que Donald Trump no será un presidente convencional y no debe esperarse que sea así. Su vida profesional nunca ha sido convencional, y sus candidaturas, tanto para la nominación republicana como para la presidencia fueron sumamente vitriólicas y ofensivas. A este tipo de actitudes atípicas debe acostumbrarse México y el mundo y evitar caer en provocaciones que son el modus operandi del presidente electo. La distracción mediática y la controversia serán el pan nuestro de cada día, y los tuits o mensajes “políticamente incorrectos” se convertirán en una nueva forma de gobernar o de acercar la presidencia a las masas, no con el podio del salón de prensa en la Casa Blanca, sino con 140 caracteres. Esto no quiere decir que México, su gobierno y la iniciativa privada deban actuar de la misma forma ni tratar de normalizar lo innormalizable; más bien deben adoptar políticas y tomar acciones que por los menos en los próximos 4 años minimicen el impacto negativo que pueda tener Trump en contra de la relación bilateral.

¿Qué hacer? Lo primero será dejar de rasgarse las vestiduras, dejar la incredulidad, e iniciar una agenda proactiva. Esto significa cerrar filas en México y acercarse a líderes en la Cámara de Representantes y en el Senado de los Estados Unidos que entienden la complejidad y beneficios de nuestra relación bilateral. El acercamiento debe ser bipartidista y con cualquier congresista o senador que venga de un estado o distrito donde nuestra relación comercial se traduzca en empleos y oportunidades económicas.

 También será necesario acercarse a autoridades locales en los estados donde México tiene mayor impacto económico y donde habiten el mayor número de connacionales. Gobernadores, legisladores locales y alcaldes serán clave. Esta aproximación no debe limitarse de gobierno a gobierno, ya que cualquier empresa mexicana o americana con inversiones en cualquier lado de la frontera tiene derecho a exigir que se respeten sus intereses y que los empleos creados gracias a sus inversiones no sean puestos en riesgo por posiciones ideológicas que funcionaron en la campaña pero que tienen poca cabida en un mundo globalizado. Hay que recordar que gracias al TLC 6 millones de estadounidenses tienen empleo y que más de 500,000 millones de dólares cruzan los dos lados de la frontera al año.

Sí, es cierto que la globalización fue rechazada por un gran número de votantes en los Estados Unidos, pero no por la mayoría. Además, el libre comercio no dejará de existir y mucho menos en un país donde la venta de productos en el exterior representa $2.3 trillones de dólares al año. La administración de Trump quizás busque disminuir los rezagos comerciales que tiene a nivel mundial. Pero de eso a declarar guerras comerciales con México y China, por mencionar a algunos, se ve difícil que pase de la retórica a la práctica-los intereses son muchos.

La estrategia también debe enfocarse dentro de México. La corrupción, la criminalidad, la impunidad y la falta de oportunidades económicas siguen siendo un lastre para el país. Si México quiere avanzar y sortear la incertidumbre global, incluyendo a Trump, se necesitan instituciones más sólidas y políticas económicas responsables. México debe ser un país de leyes donde un porcentaje mucho mayor de la población tenga acceso a oportunidades económicas. De otra forma, la ola antisitémica y aislacionista mundial también llegará a México.

Con alguien tan impredecible como Trump, es difícil saber qué parte de su agenda de campaña pasará de la retórica a la práctica. Lo que es cierto, es que los tres poderes de gobierno, la iniciativa privada y los ciudadanos en México tenemos una gran responsabilidad por delante para resolver la crisis interna y evitar que ésta se agrave de no tomar medidas que protejan nuestros intereses en el exterior. La economía, la seguridad y prosperidad de México demandan tal esfuerzo.

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